Especialmente en la época actual, todos conocemos a alguien que se ha ido lejos de viaje por algún tiempo. Los motivos pueden ser muy variados: una beca de estudios en el extranjero, un trabajo o la búsqueda de la fortuna, pero todos los que se van suelen pronunciar la misma frase en algún momento: "¡A ver si venís a verme!".
A veces nos parecerá que lo dicen por compromiso, poco más que para quedar bien. Se van a pasárselo bien de Erasmus, a conocer gente y a pegarse la fiesta padre, ¿para qué nos quieren incordiándoles por allí? Otras parece sincero, diríase que casi suplicante, y, como no nos cuesta nada arrancarle una sonrisa al pobre desgraciado que se ha ido a hacer las Américas con una mano delante y otra detrás, respondemos con algo que suele parecerse a: "Claro, a ver si cuando tenga tiempo me miro un vuelo baratillo y voy a verte".
Pero en realidad no tenemos intención de hacerlo; en primer lugar, porque los vuelos baratillos son leyendas urbanas, como lo de la chica de la curva. Todos conocemos al alguien que conoce a alguien que consiguió un vuelo a Tombuctú por 15 euros, pero no sabemos cómo ni dónde. Luego está el tema del alojamiento, en caso de que no puedan proporcionárnoslo; la idea de dormir en albergues de mala muerte que sólo conocen la higiene por lo que han leído de ella en los libros, hacinados con unos 19 desconocidos no suele serle demasiado atractiva a nadie. Además del cambio de moneda si es necesario, que nos obliga a ir al banco a perder 1, 2 o 3 mañanas porque Puri, la cajera de toda la vida, no se aclara contando rublos. Planéalo todo, haz la maleta, ¡busca el tiempo, como si te sobrara! No merece la pena tanto dolor de cabeza para 2-3 días a lo sumo de breve visitilla.
Lo dejas correr, y a la próxima ya será. Total, seguro que alguien más va a ir de todas maneras.
Sólo que todos los demás han pensado lo mismo que tú. Sólo que a la persona que espera que vengan a verla sí le merece la pena. Sólo que al final ni la fiesta es tanta fiesta, ni el viajero mejor adaptado deja de echar de menos el sabor de casa, y los que no habéis estado de ese lado no sabéis la ilusión que supone volver a ver una cara conocida en un lugar extraño y saber que el único motivo que ha traído a esa persona tan lejos de casa ha sido verte a ti, sólo a ti; no al Louvre, ni a comer bradwurst, ni a bañarse en el Mar Muerto, ni de viaje con su novio/amigo/clase/batallón; sólo a disfrutar de tu compañía y regalarte la suya.
Y por experiencia os digo que no hay mejor regalo.
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viernes, octubre 11, 2013
domingo, octubre 06, 2013
De esos días que tanto lamento perderme
Estar en Londres tiene sus cosas buenas y maravillosas y otras que son feas y no me gustan nada, como ocurre con tantas otras cosas en la vida. Es una ciudad increíble que ofrece posibilidades ilimitadas en todos los aspectos que se nos ocurran, pero de nuevo, ¿qué es el lugar en el que te encuentres sin la compañía adecuada? Digamos que es como una tostada fría. Un placer a medias.
La última vez que vine pasé ocho meses a 20 minutos de Londres y fue podría decirse un periodo clave en mi vida; sin embargo, los mejores recuerdos pertenecen a la semana en que ciertas personitas vinieron a verme: mis amigos, que no pueden imaginarse lo mucho que les estaba echando de menos (y mira que una vez allí me dieron dolores de cabeza) y lo mucho que estaba deseando que llegara ese momento. De no haber sido por ellos, seguramente esa recta final habría sido terriblemente dura por diversas circunstancias, aunque por supuesto les debo estar muy agradecida por todo lo que me cuidaron durante todo ese año que fue especialmente difícil.
¿Que por qué os cuento todo esto?
Porque hoy es uno de esos días feos de estar en Londres.
No por el clima, porque brilla un sol radiante y hay 20 grados.
No por las obligaciones, dado que es domingo, es mi día libre y he pasado el día en un parque maravilloso.
Tampoco estoy sola, ni me siento enferma (bueno, un poco pocha sí estoy, pero cosas de estos ovarios míos).
Es un día feo porque es el cumpleaños de mi hermana perdida y reencontrada y no puedo estar con ella dándole el más grande de los abrazos que haya visto el ser humano en todos sus años de historia. De hecho, no he podido hablar con ella todavía, porque imagino que estará celebrándolo por ahí con nuestros amigos y hasta esta noche no podré llamarla (por lo que seguramente ahora mismo está enfadadísima conmigo porque aún no le he dicho nada). Pero es que no quería ponerle un tonto "Feliz cumpleeeee!" en el muro como si fuera cualquier otra persona. Le hago una entrada entera porque es lo mínimo que puedo hacer.
Hace poco fue mi cumpleaños y me regaló una cosita preciosa que me decía en una tarjeta. Y hoy soy yo la que tengo que devolverle ese regalo.
Gracias por ser mi apoyo todos estos años. Gracias por decirme todo lo que no he querido oír y todo lo que no he sabido ver, y aún más por haber sabido escuchar mis interminables peroratas sobre cosas que sólo a mí me importan. Gracias por estar ahí siempre que te necesito aun cuando ni quiera yo he sabido que te necesitaba. Por todas las risas, los llantos, las aventuras locas, los absurdos, las fiestas, los desvaríos y hasta las broncas. Gracias por seguir creciendo y luchando conmigo, durante todos estos años, y todos los que nos quedan.
Gracias por llegar a mi vida de aquella manera tan discreta y haberte alquilado un huequecito en mi corazón.
Te quiero mucho.
Feliz cumpleaños, Vanessa.
La última vez que vine pasé ocho meses a 20 minutos de Londres y fue podría decirse un periodo clave en mi vida; sin embargo, los mejores recuerdos pertenecen a la semana en que ciertas personitas vinieron a verme: mis amigos, que no pueden imaginarse lo mucho que les estaba echando de menos (y mira que una vez allí me dieron dolores de cabeza) y lo mucho que estaba deseando que llegara ese momento. De no haber sido por ellos, seguramente esa recta final habría sido terriblemente dura por diversas circunstancias, aunque por supuesto les debo estar muy agradecida por todo lo que me cuidaron durante todo ese año que fue especialmente difícil.
¿Que por qué os cuento todo esto?
Porque hoy es uno de esos días feos de estar en Londres.
No por el clima, porque brilla un sol radiante y hay 20 grados.
No por las obligaciones, dado que es domingo, es mi día libre y he pasado el día en un parque maravilloso.
Tampoco estoy sola, ni me siento enferma (bueno, un poco pocha sí estoy, pero cosas de estos ovarios míos).
Es un día feo porque es el cumpleaños de mi hermana perdida y reencontrada y no puedo estar con ella dándole el más grande de los abrazos que haya visto el ser humano en todos sus años de historia. De hecho, no he podido hablar con ella todavía, porque imagino que estará celebrándolo por ahí con nuestros amigos y hasta esta noche no podré llamarla (por lo que seguramente ahora mismo está enfadadísima conmigo porque aún no le he dicho nada). Pero es que no quería ponerle un tonto "Feliz cumpleeeee!" en el muro como si fuera cualquier otra persona. Le hago una entrada entera porque es lo mínimo que puedo hacer.
Hace poco fue mi cumpleaños y me regaló una cosita preciosa que me decía en una tarjeta. Y hoy soy yo la que tengo que devolverle ese regalo.
Gracias por ser mi apoyo todos estos años. Gracias por decirme todo lo que no he querido oír y todo lo que no he sabido ver, y aún más por haber sabido escuchar mis interminables peroratas sobre cosas que sólo a mí me importan. Gracias por estar ahí siempre que te necesito aun cuando ni quiera yo he sabido que te necesitaba. Por todas las risas, los llantos, las aventuras locas, los absurdos, las fiestas, los desvaríos y hasta las broncas. Gracias por seguir creciendo y luchando conmigo, durante todos estos años, y todos los que nos quedan.
Gracias por llegar a mi vida de aquella manera tan discreta y haberte alquilado un huequecito en mi corazón.
Te quiero mucho.
Feliz cumpleaños, Vanessa.
PS: Me ha costado horrores encontrar una foto de las dos. A ver si empiezas a salir de detrás de la cámara y nos hacemos más fotos juntas, hija mía!
jueves, septiembre 19, 2013
Del inmovilismo que precede al frenesí
Como algunos puede que sepáis ya, dentro de una semana exacta me mudo a vivir a Londres durante casi tres meses por estudios. Yipiyayei madafaka, qué chuli qué guay. No, en serio, tengo bastantes ganas de vivir en una gran ciudad como esa, intentar sacarle todo el provecho posible a la experiencia y lo que la ciudad ofrezca, conocer a mucha gente maravillosa y aprender un montón.
Pero antes de irme tengo tantas cosas que hacer (empezando por la maleta...odio hacer maletas), papeleo, previsiones, organizar; tanto que buscar, que leer, que aprender y que preparar para poder dar todo lo mejor en las prácticas. Tanto que decir, tanta gente a la que quiero ver antes de irme, tanto que disfrutar.
Sin embargo, en lugar de comerme los demonios porque no tengo tiempo de todo, me invade una inmovilidad y una especie de embelesamiento estático por el cual miro el reloj y me han pasado 3 horas sin hacer nada y ni siquiera me he dado cuenta. Me pongo a pensar en las cosas que tengo que hacer antes de dormirme y no consigo conciliar el sueño de ansia por empezar, pero cuando me despierto remoloneo en la cama hasta finalmente me levanto a una hora casi indecente, cuando ya he perdido toda la mañana hábil. Escribo listas y listas y más listas de las tareas pendientes, pero luego no hago ninguna, y poco a poco se me acerca la fecha límite de todo y me puede la ansiedad cada vez que me doy cuenta.
Y, la verdad, no sé muy bien cómo ponerme las pilas.
Pero se me acaba el tiempo.
Pero antes de irme tengo tantas cosas que hacer (empezando por la maleta...odio hacer maletas), papeleo, previsiones, organizar; tanto que buscar, que leer, que aprender y que preparar para poder dar todo lo mejor en las prácticas. Tanto que decir, tanta gente a la que quiero ver antes de irme, tanto que disfrutar.
Sin embargo, en lugar de comerme los demonios porque no tengo tiempo de todo, me invade una inmovilidad y una especie de embelesamiento estático por el cual miro el reloj y me han pasado 3 horas sin hacer nada y ni siquiera me he dado cuenta. Me pongo a pensar en las cosas que tengo que hacer antes de dormirme y no consigo conciliar el sueño de ansia por empezar, pero cuando me despierto remoloneo en la cama hasta finalmente me levanto a una hora casi indecente, cuando ya he perdido toda la mañana hábil. Escribo listas y listas y más listas de las tareas pendientes, pero luego no hago ninguna, y poco a poco se me acerca la fecha límite de todo y me puede la ansiedad cada vez que me doy cuenta.
Y, la verdad, no sé muy bien cómo ponerme las pilas.
Pero se me acaba el tiempo.
jueves, agosto 29, 2013
De las mentiras que se creen que nos cuentan
La polémica de esta semana, como bien sabréis, ha sido la...¿inflamada? actuación de Miley Cyrus en los VMA (los premios a los mejores vídeos músicales que otorga la cadena MTV).
Se le acusa de...bueno, de muchas cosas que si ponéis su nombre en nuestro bendito Google os van a salir en 0,01 segundos, por lo que no me extenderé más en ese punto. Digamos que el buen gusto no vino a ser precisamente el traje que Miley decidió vestir esa noche (optó más bien por un bikini de algo que parecía chopped de charol).
En mi opinión, Miley (o su agente, mejor dicho) decidió hace unos años que su mayoría de edad supondría la ruptura de su anterior imagen de cándida niña Disney en pos de una imagen más madura y sexy. Nos dejó a todos boquiabiertos cuando sacó su single Can't Be Tamed, en el que nos demostró que el patito feo-no-tan-feo se había convertido en toda una pájara de cuidado (muy guapa ella, eso sí), lista para hacer caer algunos monóculos de pura sorpresa y quizás algo de alarma. Sin embargo, parece que la muchacha, en la búsqueda de sí misma, decidió que su camino no terminaba allí y que debía seguir cambiando y explorando. Y se cortó el pelo. Y nos quedamos todos loquísimos, claro. Y luego vinieron sus apariciones en la prensa, con esos looks tan extremos, y sus videoclips destroyer maximus...y yo empiezo a pensar que esta joven ha perdido el norte y a sí misma tratanto desesperadamente de diferenciarse de los demás.
Lo cual hace que me pregunte si tan avergonzada se sentía de su pasado como Hannah Montana para necesitar enterrarlo en esa enorme y maloliente masa de escándalos, movimientos zafios y peinados dudosamente favorecedores. Si lo miramos así da un pelín de pena, la cosa. Mirad a Selena Gómez, por ejemplo. Dentro de la misma franja de edad y con unos orígenes artísticos similares, ha sabido encaminar su carrera hacia una imagen más adulta pero elegante y digna.
Pero si hablo de esta anécdota puntual es porque, pese a que esta semana sea el hype de toda la red ("a Ben Affleck le gusta esto"), en una semana será una vez más agua de borrajas en el mar de noticias efímeras que es la web. ¿Significa eso que será agua pasada? No, no, no, de eso nada. Las imágenes se guardan, archivan y esconden un tiempo sólo para volver a conmocionarnos con ellas cuando sean necesarias. Amiguitos, no me cansaré nunca de decirlo: Internet nunca olvida.
Y, dado lo que he visto esta tarde por la web, algunas personas deberían recordarlo. Podéis venir ahora de puritanos reconvertidos a la fe del amar casto y sincero o profesar la más sincera devoción al Oscurísimo en lo profundo de vuestra alma desgarrada a base de piercings y rasgueo de guitarras, pero siempre habrá alguien en alguna parte que recuerde vuestras golferías en los baños públicos y esas fotos tan comprometidas o vuestro pasado de choni masiera de pantalones de campana amarillos. Y no dudéis de que estarán más que encantados de sacarlo a relucir a la mínima oportunidad que tengan, sobre todo si les dais un motivo.
Así que podéis hacer dos cosas: o vivir de puntillas sin ofender a nadie que tenga en su poder secretos que queráis olvidar sobre vosotros mismos o vivir lo más auténticamente posible, sinceros con quiénes sois y quiénes fuisteis. O también podéis matarlos a todos...pero eso no os garantiza que los archivos no sigan flotanto en el limbo virtual.
Y, para que no se diga, aquí abiertamente admitiré sobre mí misma que de pequeña quería ser rubia y vestir siempre de color fresa (o sea, rosa). Shame on me.
Se le acusa de...bueno, de muchas cosas que si ponéis su nombre en nuestro bendito Google os van a salir en 0,01 segundos, por lo que no me extenderé más en ese punto. Digamos que el buen gusto no vino a ser precisamente el traje que Miley decidió vestir esa noche (optó más bien por un bikini de algo que parecía chopped de charol).
En mi opinión, Miley (o su agente, mejor dicho) decidió hace unos años que su mayoría de edad supondría la ruptura de su anterior imagen de cándida niña Disney en pos de una imagen más madura y sexy. Nos dejó a todos boquiabiertos cuando sacó su single Can't Be Tamed, en el que nos demostró que el patito feo-no-tan-feo se había convertido en toda una pájara de cuidado (muy guapa ella, eso sí), lista para hacer caer algunos monóculos de pura sorpresa y quizás algo de alarma. Sin embargo, parece que la muchacha, en la búsqueda de sí misma, decidió que su camino no terminaba allí y que debía seguir cambiando y explorando. Y se cortó el pelo. Y nos quedamos todos loquísimos, claro. Y luego vinieron sus apariciones en la prensa, con esos looks tan extremos, y sus videoclips destroyer maximus...y yo empiezo a pensar que esta joven ha perdido el norte y a sí misma tratanto desesperadamente de diferenciarse de los demás.
Lo cual hace que me pregunte si tan avergonzada se sentía de su pasado como Hannah Montana para necesitar enterrarlo en esa enorme y maloliente masa de escándalos, movimientos zafios y peinados dudosamente favorecedores. Si lo miramos así da un pelín de pena, la cosa. Mirad a Selena Gómez, por ejemplo. Dentro de la misma franja de edad y con unos orígenes artísticos similares, ha sabido encaminar su carrera hacia una imagen más adulta pero elegante y digna.
Pero si hablo de esta anécdota puntual es porque, pese a que esta semana sea el hype de toda la red ("a Ben Affleck le gusta esto"), en una semana será una vez más agua de borrajas en el mar de noticias efímeras que es la web. ¿Significa eso que será agua pasada? No, no, no, de eso nada. Las imágenes se guardan, archivan y esconden un tiempo sólo para volver a conmocionarnos con ellas cuando sean necesarias. Amiguitos, no me cansaré nunca de decirlo: Internet nunca olvida.
Y, dado lo que he visto esta tarde por la web, algunas personas deberían recordarlo. Podéis venir ahora de puritanos reconvertidos a la fe del amar casto y sincero o profesar la más sincera devoción al Oscurísimo en lo profundo de vuestra alma desgarrada a base de piercings y rasgueo de guitarras, pero siempre habrá alguien en alguna parte que recuerde vuestras golferías en los baños públicos y esas fotos tan comprometidas o vuestro pasado de choni masiera de pantalones de campana amarillos. Y no dudéis de que estarán más que encantados de sacarlo a relucir a la mínima oportunidad que tengan, sobre todo si les dais un motivo.
Así que podéis hacer dos cosas: o vivir de puntillas sin ofender a nadie que tenga en su poder secretos que queráis olvidar sobre vosotros mismos o vivir lo más auténticamente posible, sinceros con quiénes sois y quiénes fuisteis. O también podéis matarlos a todos...pero eso no os garantiza que los archivos no sigan flotanto en el limbo virtual.
Y, para que no se diga, aquí abiertamente admitiré sobre mí misma que de pequeña quería ser rubia y vestir siempre de color fresa (o sea, rosa). Shame on me.
La cosa va de:
Internet,
Miley Cyrus,
Selena Gomez,
Spanish,
VMA
miércoles, agosto 28, 2013
De preguntas, respuestas y el comodín del público
Todos aquellos que recordéis vagamente las clases de geometría del cole, coincidiréis conmigo en que todos aprendimos entonces que la distancia más corta entre dos puntos es la línea recta, ¿cierto?
Puede que ya me hayáis escuchado decir esto alguna vez, pero por si acaso no, mi teoría es la siguiente: "El ser humano es tan estúpido que pregunta aquello que no quiere saber y lo que de verdad le interesa no lo pregunta". Y así suele ser en la mayoría de los casos.
Suposiciones, porque el hecho de complicarnos la vida preguntando al revés no era suficiente daño que encima necesitábamos crear imperios enteros y magnas teorías cosnpiratorias de la nada para darle sal al asunto.
Suposiciones las podemos hacer de dos tipos: aquellas que nos atañen y aquellas que no. Las que nos atañen, llamémoslas suposiciones personales, abarcan campos de lo más diversos, tanto orientadas a un futuro como en el pasado, pero en el terreno emocional y sentimental las mujeres tenemos algo así como un componente genético que nos otorga una especial habilidad para practicar el arriesgado deporte que es la suposición extrema con resultados que rozan la paradoja ("¿Le gusto? Yo creo que no le gusto...¿o sí? Hmmm...no lo sé...pero voy a elaborar mis propias teorías al respecto, basadas en hechos insustanciales y detalles puramente inconexos"; "¿Se habrá enfadado? Seguro que le ha sentado mal que le haya dicho que no me gusta esa canción. Qué poca vergüenza tiene de tomarse eso a malas, con la de veces que me ha hecho eso a mí. Alucino con su actitud, de verdad, qué poca madurez. No se lo voy a perdonar nunca", y otros casos igual de disparatados).
Las ajenas, directamente, son pura tiña y, lo que es peor, son deporte nacional (por más que le pese al fútbol), porque si algo le apasiona a la gente es inventar sobre la vida de su vecino en sus diversas vertientes: el que teoriza sobre lo que no tiene información, el que cree que te conoce y que ello le da derecho a demostrártelo a la mínima ocasión, el que da la respuesta a una pregunta que no has hecho suponiendo que quieres saber su opinión respecto a todo...
¿...O me diréis que vosotros mismos no lo habéis hecho alguna vez?
Bien. En la vida podemos aplicar la misma regla sencilla. Me explico, problema sencillo: queremos llegar desde un punto A, llamémoslo una duda o incertidumbre cualquiera, al punto B, una resolución de esa duda, una solución, una certeza.
¿Cuál creéis que es la línea más recta?
¿Cuál creéis que es la línea más recta?
Eso es, la pregunta. La investigación en base a un conjunto de indicios y pruebas fidedignas. Es la estrategia más lógica y sencilla.
¿O no? Porque todo dependerá de si sabemos utilizarla bien.
Puede que ya me hayáis escuchado decir esto alguna vez, pero por si acaso no, mi teoría es la siguiente: "El ser humano es tan estúpido que pregunta aquello que no quiere saber y lo que de verdad le interesa no lo pregunta". Y así suele ser en la mayoría de los casos.
Por ejemplo, un amigo está hablando de algo a los demás, y llegamos a mitad de la explicación, o quizás estábamos hablando con alguien, o simplemente pensando en la cena, y no nos enteramos de la misa la mitad. ¿Preguntamos que de qué va la cosa para poder participar sin meter la pata? NO. Porque todo el mundo parece estar enterado de todo, y no queremos quedar de tontos. Otro ejemplo. Nos vamos a la peluquería, y decimos aquello de "Hazme lo que quieras". Eeeerror, salimos más esquiladas que una oveja. Vamos a nuestro amigo más sincero y le preguntamos qué tal nos queda. Queremos que nos diga que genial, pero sabemos que no es así.¿Pero se lo preguntamos igualmente? SÍ. Y como era de esperar, nos dice que parecemos un teleñeco recién salido de la secadora, para disgusto nuestro.
Ejemplos muy tontos y muy básicos. Pero pensadlo un poco, y veréis cómo muy a menudo preguntamos todo lo que en realidad no queremos saber y lo que sí, nos lo guardamos.
Pero no acaba ahí la cosa. Porque años de duro esfuerzo y arduo trabajar nos han permitido descubrir otra retorcida manera de llegar del punto A al punto B:
La suposición
(que, como se ve en la imagen, empieza bien pero suele terminar en Narnia)
Suposiciones, porque el hecho de complicarnos la vida preguntando al revés no era suficiente daño que encima necesitábamos crear imperios enteros y magnas teorías cosnpiratorias de la nada para darle sal al asunto.
Suposiciones las podemos hacer de dos tipos: aquellas que nos atañen y aquellas que no. Las que nos atañen, llamémoslas suposiciones personales, abarcan campos de lo más diversos, tanto orientadas a un futuro como en el pasado, pero en el terreno emocional y sentimental las mujeres tenemos algo así como un componente genético que nos otorga una especial habilidad para practicar el arriesgado deporte que es la suposición extrema con resultados que rozan la paradoja ("¿Le gusto? Yo creo que no le gusto...¿o sí? Hmmm...no lo sé...pero voy a elaborar mis propias teorías al respecto, basadas en hechos insustanciales y detalles puramente inconexos"; "¿Se habrá enfadado? Seguro que le ha sentado mal que le haya dicho que no me gusta esa canción. Qué poca vergüenza tiene de tomarse eso a malas, con la de veces que me ha hecho eso a mí. Alucino con su actitud, de verdad, qué poca madurez. No se lo voy a perdonar nunca", y otros casos igual de disparatados).
Las ajenas, directamente, son pura tiña y, lo que es peor, son deporte nacional (por más que le pese al fútbol), porque si algo le apasiona a la gente es inventar sobre la vida de su vecino en sus diversas vertientes: el que teoriza sobre lo que no tiene información, el que cree que te conoce y que ello le da derecho a demostrártelo a la mínima ocasión, el que da la respuesta a una pregunta que no has hecho suponiendo que quieres saber su opinión respecto a todo...
¿...O me diréis que vosotros mismos no lo habéis hecho alguna vez?
miércoles, agosto 21, 2013
Rendición
Como el rey que, sin fuerza ya para luchar, se rinde y lanza su corona deslucida a los pies del ratero; el ratero que entró sin pedir permiso en el castillo, el ratero que ha envenenado la corte y la ha puesto en su contra. Derrotado, mas no cabizbajo; derrotado, pero no culpable; derrotado, solo y humillado, pero audaz, fuerte, poderoso. Rey que en su caída no se arrastrará como una vil rata, sino que caminará erguido entre la multitud que se mofa, pues sus burlas sólo harán que reforzar su escudo. Cada aguijon se irá a estrellar en el armazon de acero que cubre su corazón. No más traición, no más pena, no más dolor.
Porque no eres más que una ramera. Y ya se ha cansado el marajá de creer tus zalamerías. No cabe amor en la podredumbre que llamas corazón. El hedor de la mentira camina a tu lado, y no aguanto más tu pestilente encanto.
Porque no eres más que una ramera. Y ya se ha cansado el marajá de creer tus zalamerías. No cabe amor en la podredumbre que llamas corazón. El hedor de la mentira camina a tu lado, y no aguanto más tu pestilente encanto.
sábado, agosto 17, 2013
Castigos
Vivir de ilusiones es como comer del aire: siempre llegará el momento en que notes un terrible vacío en el estómago.
Vivir de sueños está condenado al fracaso: en el mejor de los casos despertarás cegado por una luz intensa; en el peor, de una merecida bofetada.
Vivir de opinión ajena es envenenar la mente con lo que nos resulta más conveniente.
La árida verdad. ¿Se puede vivir de eso?
Padece Tántalo por no poder alcanzar el objeto de sus desvelos, que se escapa cada vez que alarga la mano para cogerlo. Pero ¿qué pasa con quién no sabe de néctar ni ambrosía? ¿Se les puede llamar infelices por desconcer los deleites de los dioses? ¿No son ellos los más afortunados, pues no corren el riesgo de perder y nunca se añora lo que no se ha tenido?
¿Nunca?
¿O sí?
Vivir de sueños está condenado al fracaso: en el mejor de los casos despertarás cegado por una luz intensa; en el peor, de una merecida bofetada.
Vivir de opinión ajena es envenenar la mente con lo que nos resulta más conveniente.
La árida verdad. ¿Se puede vivir de eso?
Padece Tántalo por no poder alcanzar el objeto de sus desvelos, que se escapa cada vez que alarga la mano para cogerlo. Pero ¿qué pasa con quién no sabe de néctar ni ambrosía? ¿Se les puede llamar infelices por desconcer los deleites de los dioses? ¿No son ellos los más afortunados, pues no corren el riesgo de perder y nunca se añora lo que no se ha tenido?
¿Nunca?
¿O sí?
Dirty playing
Es una danza de engaños:
enseña una carta, escóndeme dos.
Te guardas los ases y muestras al rey.
Me convierto en reina en esta mano.
Apuestas salvajes a ciegas,
me trago un farol muy real.
Gestos y señas, nervios, espasmos.
Busca la manera de descubrir al rival.
Echamos el resto en esta mesa.
Y en el último momento, arriba las cartas.
A este juego podemos jugar todos.
enseña una carta, escóndeme dos.
Te guardas los ases y muestras al rey.
Me convierto en reina en esta mano.
Apuestas salvajes a ciegas,
me trago un farol muy real.
Gestos y señas, nervios, espasmos.
Busca la manera de descubrir al rival.
Echamos el resto en esta mesa.
Y en el último momento, arriba las cartas.
A este juego podemos jugar todos.
ACTOS I y II
ACTO I
Dime que me quieres,
Que me necesitas,
Que sin mí tu vida no es nada.
Dime que soy bella,
Dime que soy lista,
Que soy tu estrella más preciada.
Dime que te cante,
Sé mi pianista,
Compón de esta súplica una balada.
Cólmame de besos,
Dame mil caricias,
No dejes que mi mano caiga helada.
Y aún así...
ACTO II
Te digo que te quiero,
que te necesito,
Y tú nunca me respondes nada.
Te digo que eres bella,
te digo que eres lista,
pero siempre desvías la mirada.
Quiero que me cantes,
ser tu pianista.
Y, sin embargo, permaneces callada.
Intento besarte,
darte mil caricias,
pero parece que vivas amortajada.
No crees lo que digo,
ni ves lo que hago,
vives en tu infelicidad encerrada.
Abre los ojos por fin,
mira a tu espalda y ve
las mil caras que sonríen a tu paso.
Hay quien no sabe hablar de amor
pero es que tú, además, no sabes escucharlo
Dime que me quieres,
Que me necesitas,
Que sin mí tu vida no es nada.
Dime que soy bella,
Dime que soy lista,
Que soy tu estrella más preciada.
Dime que te cante,
Sé mi pianista,
Compón de esta súplica una balada.
Cólmame de besos,
Dame mil caricias,
No dejes que mi mano caiga helada.
Y aún así...
ACTO II
Te digo que te quiero,
que te necesito,
Y tú nunca me respondes nada.
Te digo que eres bella,
te digo que eres lista,
pero siempre desvías la mirada.
Quiero que me cantes,
ser tu pianista.
Y, sin embargo, permaneces callada.
Intento besarte,
darte mil caricias,
pero parece que vivas amortajada.
No crees lo que digo,
ni ves lo que hago,
vives en tu infelicidad encerrada.
Abre los ojos por fin,
mira a tu espalda y ve
las mil caras que sonríen a tu paso.
Hay quien no sabe hablar de amor
pero es que tú, además, no sabes escucharlo
domingo, abril 07, 2013
De personas que se creen enfermedades
No sé si os habréis fijado en que existen personas que por cualquier razón actúan sobre nosotros y sobre nuestro organismo como si fueran dolencias. No entiendo mucho sobre flujo de energías y el efecto que ello tiene sobre nosotros, pero quizás tenga algo que ver; puede que la polaridad de la energía que emanan no sea compatible con la nuestra y por eso nos afectan así. Pero veamos algunos casos.
Tenemos por una parte al Espécimen-Gripe: no sé si habréis pasado la gripe alguna vez (si no, ¡afortunados!, no es nada agradable), pero su efecto es devastador, considerando el tiempo en que actúa.
Después tenemos a los Especímenes-Astenia Primaveral. Los reconoceréis porque su sola proximidad nos produce picores, cansancio, somnoliencia...Vamos, tediosos como ellos solos. Si a los anteriores hay que evitarlos, de estos huíd sin contemplaciones, no temáis resultar maleducados. Prescripción: una buena siesta y por la noche os vais por ahí a bailar. Veréis que bien.
En otro capítulo ya tenemos a los más tóxicos de todos, los Especímenes-Cáncer, y con ellos no debemos tomárnoslo a broma, porque son con diferencia los más dañinos que existen. Se trabajan su lugar en nuestro entorno con tiempo, paciencia y esfuerzo, haciéndonos creer que son personas a las que merece la pena tener cerca. Puede que nos hagan creer que son corderos con piel de lobo, que fingen tener un exterior de triunfadores, siempre seguros de sí mismos, cuando en realidad por dentro son frágiles como cristal soplado y necesitan que alguien cuide de su delicado y torturado corazón. Desconfiad. Porque si en algo son auténticos expertos es en chupar hasta la médula todas y cada una de vuestras buenas intenciones para con ellos hasta dejaros exhaustos y vacíos, porque se han llevado lo mejor de vosotros.
Por suerte, todos conocemos a alguien que por algún motivo tiene la capacidad de hacernos sentir automáticamente mejor con su presencia. Ya sea porque tienen una sonrisa maravillosa, porque su sentido del humor es una delicia y siempre consigue hacernos sonreír o porque es el escucha perfecto de nuestras preocupaciones (puede que hasta sepa dar buenos consejos). Así que lo mejor que podemos hacer ante cualquier caso de contagio es mantener a esas personitas bien cerca y disfrutar de lo beneficioso de su aura.
jueves, abril 04, 2013
De las mentiras que nos contamos
No sé si creeréis en las personas "con poderes"; no me refiero a los charlatanes de la televisión que se pasan el día echando las cartas en canales infames a ovejas descarriadas que deciden creer en cualquier cosa que pueda parecerles mínimamente esperanzadora. Hablo de esas personas que tienen sueños sobre algo que no ha ocurrido todavía y después ocurre, o esas otras que tras escuchar el principio de cualquier historia te saben decir (con asombrosa certeza) cómo va a terminar.
¿Intuición? ¿Poderes mentales? ¿Las tapas de los yogures?
¿Intuición? ¿Poderes mentales? ¿Las tapas de los yogures?
No sabría decir. Pero la verdad es que conozco personas de ese tipo, y nunca deja de sorprenderme que suelan acertar. Todo hay que decirlo, en todo este tipo de cosas ayuda tener ciertos atributos como buena memoria, ser una persona observadora y capacidad para analizar las situaciones y a las personas. Tres cosas de las que yo carezco en buena medida (y eso que, según mi madre, predije de niña la muerte de Lady Di en un sueño), y por eso este tipo de cosas tiende a dejarme más o menos así:
Sin embargo, hasta yo sé hacer ciertas conexiones de vez en cuando. Será porque hay cosas que hasta un ciego vería (bien es cierto que no hay más ciego que el que no quiere ver), y eso que yo tengo unas cifras de miopía que cualquier día me granjearán una licencia para vender cupones. Supongo que será porque los seres humanos tenemos la capacidad de mentirnos a nosotros mismos con facilidad, cegándonos a lo que es más que evidente para creer lo que queremos y ver lo que queremos donde lo queremos ver. Pero si esa ceguera tiene algo bueno es que suele curar con el tiempo y a veces acaba por convertirse en toda una mira telescópica.
Porque esas mentiras (las que nos contamos a nosotros mismos) son poderosamente inflamables, y pronto empezamos a notar una pequeña quemazón en nuestro interior. Al principio podemos ignorarlo como quien ignora una picadura de mosquito. Pero no pasa mucho tiempo hasta que las brasas de todo lo que nos hemos contado desembocan en la madre de todos los incendios figurados.
Pobres. Pero no hay nada que podamos hacer por los que se engañan. Sólo puede sacarlos de su (auto)engaño el fuego purificador.
Entretanto, lo único que queda es sentarse en una cómoda butaca, coger palomitas y observar cómo arden lentamente.
lunes, abril 01, 2013
De amigos reales y amigos colaterales
Cuando entras en una pandilla, normalmente porque alguien te ha introducido (si sois de esos afortunados líderes carismáticos que empezásteis vuestra propia pandilla, felicidades), al principio te sueles mover orbitando cual satélite entorno a tu mecenas: acudes a las reuniones o quedadas si va él/ella, sueles estar a su lado y te sientes medianamente incómodo si se va y te deja solo con los demás, que al fin y al cabo, son desconocidos. Pero antes o después lo normal es que las circunstancias te obliguen a socializar con los demás, porque tu amigüito no se una a un plan en el que tú te mueres por participar y decidas ir de todas maneras o porque encuentres intereses comunes (o mejor aún, enemigos comunes) con los demás del grupo.
¡Felicidades! Te has integrado. Poco a poco irás interaccionando con cada uno de los miembros, en mayor o menor medida, pero pronto descubrirás que todos los del grupo no son tus amigos de verdad. Algunos son amigos colaterales.
Son personas con las que de normal no interactuarías porque no tenéis nada en común, o su carácter no es especialmente afín al tuyo. Y sin embargo, ahí están, cada vez que quedáis, hablando con Jeremy o Cassandra (yo es que no conozco a nadie que se llame Fulanito o Menganita), que al parecer los encuentran interesantes. Son como el tapiz de fondo de tus tardes de sábado. Y todos tan a gusto. Hasta que...algún colateral decide interactuar contigo. 1. Que en realidad no está tan mal, podéis encontrar algo de que hablar, aunque sea del tiempo (una versión extreme de esta posibilidad es que descubras que en realidad es una grandísima persona y pase a ser amigo de verdad y te des cabezazos contra la pared por no haberle descubriendo antes).
2. Que te entren ganas de decirle: "Déjame en paz, random, que te estás respirando mi aire", porque si antes te parecía menos intrigante que la vida amorosa de un paramecio ahora directamente su mera existencia te pone nervioso.
Porque, asumámoslo, hay gente que, pese a que no le das la más mínima señal de querer tener contacto con ellos más allá de lo marcado por la buena educación y el hecho de compartir un grupo de amigos, sigue, y sigue insistiendo. Personas que por motivos desconocidos aún por la raza humana piensan labrarse un camino en tu vida (o en tu bandeja de interacciones) a golpe pico y pala, aunque en ello tengan que dejarse sangre, sudor, lágrimas y muchos "me gusta".
viernes, marzo 29, 2013
De lo que se va para no volver
Mañana comenzamos la mudanza.Volvemos a mi antigua e ídilica (pausa para risas) casa de campo después de aproximadamente un año viviendo en un piso en la ciudad. Y la cosa me ha dado que pensar.
Por varios motivos, el cambio de casa en mi vida tuvo muchas consecuencias, entre ellas un estilo de vida algo diferente. Y no sólo eso. Casualmente (aunque ya sabemos que soy poco amiga de las casualidades), junto con ese cambio de ubicación vinieron muchos otros, en varios aspectos: social, académico, laboral, si se quiere; en este último año en mi vida se han ido abriendo muchos capítulos nuevos, que en su desarrollo han ido siguiendo derroteros bastante curiosos, en ocasiones. En otras, inesperados. Y a veces no demasiado agradables.
Pero de un tiempo a esta parte, me viene dando la sensación de que la historia estaba en un punto crítico. Algunos capítulos habían concluído con un final decente. Otros seguían líneas argumentales un poco raras, imprevisibles, pero, como diría una amiga, eran comestibles. De otros, hace tiempo ya que no entiendo una palabra; juraría que los escriben en un idioma que yo no hablo, pero bueno, cosas que pasan. Sin embargo, si en algo parecen coincidir todos es en que se van cerrando. Este piso desde el que aún escribo ha abierto un ciclo, y ahora que me tengo que ir todo parece volver a donde estaba antes de venir aquí.
¿Es eso bueno o es malo? No sabría decir. En cierto modo, el cambio es algo que siempre está presente y es inevitable, por mucho que se luche contra él; es más, yo defiendo que es algo bueno, aunque a veces da miedo. Y desde luego cambios han sucedido. Pero el hecho de que las aguas parezcan haber vuelto a su cauce me deja un amargo sabor de boca, porque en cierto modo pareciera que mi vida no ha evolucionado nada. Vuelvo al punto cero. Vuelta a empezar. Más vieja y más sabia, espero.
Sólo queda hacer recuento de bajas. Sé que hay cosas que se han perdido para siempre, y no puedo sino dejarlas ir (¿quizás con alivio?); otras llegaron para quedarse, y me alegro enormemente de todo lo bueno que pueda conservar; como sabemos, toda experiencia tiene su aspecto positivo. Sobre otras cosas siempre dudaré de que realmente existieran.
Pero es que, en realidad, tampoco podemos saberlo todo.
Por varios motivos, el cambio de casa en mi vida tuvo muchas consecuencias, entre ellas un estilo de vida algo diferente. Y no sólo eso. Casualmente (aunque ya sabemos que soy poco amiga de las casualidades), junto con ese cambio de ubicación vinieron muchos otros, en varios aspectos: social, académico, laboral, si se quiere; en este último año en mi vida se han ido abriendo muchos capítulos nuevos, que en su desarrollo han ido siguiendo derroteros bastante curiosos, en ocasiones. En otras, inesperados. Y a veces no demasiado agradables.
Pero de un tiempo a esta parte, me viene dando la sensación de que la historia estaba en un punto crítico. Algunos capítulos habían concluído con un final decente. Otros seguían líneas argumentales un poco raras, imprevisibles, pero, como diría una amiga, eran comestibles. De otros, hace tiempo ya que no entiendo una palabra; juraría que los escriben en un idioma que yo no hablo, pero bueno, cosas que pasan. Sin embargo, si en algo parecen coincidir todos es en que se van cerrando. Este piso desde el que aún escribo ha abierto un ciclo, y ahora que me tengo que ir todo parece volver a donde estaba antes de venir aquí.
¿Es eso bueno o es malo? No sabría decir. En cierto modo, el cambio es algo que siempre está presente y es inevitable, por mucho que se luche contra él; es más, yo defiendo que es algo bueno, aunque a veces da miedo. Y desde luego cambios han sucedido. Pero el hecho de que las aguas parezcan haber vuelto a su cauce me deja un amargo sabor de boca, porque en cierto modo pareciera que mi vida no ha evolucionado nada. Vuelvo al punto cero. Vuelta a empezar. Más vieja y más sabia, espero.
Sólo queda hacer recuento de bajas. Sé que hay cosas que se han perdido para siempre, y no puedo sino dejarlas ir (¿quizás con alivio?); otras llegaron para quedarse, y me alegro enormemente de todo lo bueno que pueda conservar; como sabemos, toda experiencia tiene su aspecto positivo. Sobre otras cosas siempre dudaré de que realmente existieran.
Pero es que, en realidad, tampoco podemos saberlo todo.
miércoles, mayo 09, 2012
La Verdad de Pink Floyd
Este post está un tanto conectado con el último que escribí, Carpe Rosas, porque comienza con el mismo incidente del que hablo ahí. Sin embargo, tiene un cariz bastante distinto.
Viene motivado por algo que hablé con mi mejor amiga no hace mucho, y que curiosamente a ella le vino a la cabeza por algo que le había dicho yo. Sí, sé que estoy mareando la perdiz malamente, pero ahora me explico.
La cuestión es que quería compartirlo aquí.
Hará unos años, fuimos juntas a un concierto de heavy en una sala de conciertos alejadilla del pueblo (me gusta contar las cosas desde el principio, sí, odio el concepto "fuera de contexto"). Estábamos esperando fuera en la cola a que abrieran con todo el mundo cuando a nuestro grupo se acercó un viejo borracho con una botella de yo qué sé qué (pongamos que aguardiente, porque me encanta esa palabra, pero seguro que sería cerveza barata). Ya sabéis cómo van estas cosas: el hombre se puso a balbucear incoherencias sobre una discusión con un amigo y nosotros intentamos que pillara la indirecta de que no nos interesaba su vida. Pero entonces dijo algo que se nos ha quedado después de todos estos años y que da título al post. Dijo: "Y entonces yo le dije, ¡pero tío, tú no puedes ser Punk Floyd!".
Sé lo absurdo que suena. De verdad. Que sí. Creedme, coñe, que estaba allí. El caso es que nos quedamos un poco con la frase más por lo que representa que lo que decía en sí. Y ahora nos ha venido que ni al pelo después de lo que ha pasado para encontrar una nueva forma de ver la vida, una nueva filosofía, si queréis: tú no puedes ser Pink Floyd. Ni tú, ni la persona que está a tu lado, ni esa de la que te ríes a sus espaldas por ser una wannabe de la vida. Tú, el otro, esa tercera, sois como sois, ni más ni menos, con vuestras virtudes y defectos, y primero de todo tenéis que aceptar eso. Si queréis cambiar algo en vosotros mismos, aceptad quiénes sois, dónde están vuestras debilidades y trabajad en ellas, pero sed conscientes de dónde están vuestras limitaciones: no podéis (ni debéis) ser quien no sois. Ni la persona que está a vuestro lado tampoco. Aceptad lo bueno que hay en ella, lo que os aporta, disfrutad de su compañía pero no os cebéis con sus fallos, sus defectos, sus carencias, no lo veáis a través del filtro de quien querríais que fuera y no es, miradle tal cual es. Y disfrutad con la vista.
Seréis más felices.
Viene motivado por algo que hablé con mi mejor amiga no hace mucho, y que curiosamente a ella le vino a la cabeza por algo que le había dicho yo. Sí, sé que estoy mareando la perdiz malamente, pero ahora me explico.
La cuestión es que quería compartirlo aquí.
Hará unos años, fuimos juntas a un concierto de heavy en una sala de conciertos alejadilla del pueblo (me gusta contar las cosas desde el principio, sí, odio el concepto "fuera de contexto"). Estábamos esperando fuera en la cola a que abrieran con todo el mundo cuando a nuestro grupo se acercó un viejo borracho con una botella de yo qué sé qué (pongamos que aguardiente, porque me encanta esa palabra, pero seguro que sería cerveza barata). Ya sabéis cómo van estas cosas: el hombre se puso a balbucear incoherencias sobre una discusión con un amigo y nosotros intentamos que pillara la indirecta de que no nos interesaba su vida. Pero entonces dijo algo que se nos ha quedado después de todos estos años y que da título al post. Dijo: "Y entonces yo le dije, ¡pero tío, tú no puedes ser Punk Floyd!".
Sé lo absurdo que suena. De verdad. Que sí. Creedme, coñe, que estaba allí. El caso es que nos quedamos un poco con la frase más por lo que representa que lo que decía en sí. Y ahora nos ha venido que ni al pelo después de lo que ha pasado para encontrar una nueva forma de ver la vida, una nueva filosofía, si queréis: tú no puedes ser Pink Floyd. Ni tú, ni la persona que está a tu lado, ni esa de la que te ríes a sus espaldas por ser una wannabe de la vida. Tú, el otro, esa tercera, sois como sois, ni más ni menos, con vuestras virtudes y defectos, y primero de todo tenéis que aceptar eso. Si queréis cambiar algo en vosotros mismos, aceptad quiénes sois, dónde están vuestras debilidades y trabajad en ellas, pero sed conscientes de dónde están vuestras limitaciones: no podéis (ni debéis) ser quien no sois. Ni la persona que está a vuestro lado tampoco. Aceptad lo bueno que hay en ella, lo que os aporta, disfrutad de su compañía pero no os cebéis con sus fallos, sus defectos, sus carencias, no lo veáis a través del filtro de quien querríais que fuera y no es, miradle tal cual es. Y disfrutad con la vista.
Seréis más felices.
lunes, abril 30, 2012
Carpe Rosas
Ayer por la noche emitieron en televisión una de mis películas favoritas para cuando tengo...digamos uno de esos días en que una tonta comedia americana (con todos mis respetos) no basta: El Club de los Poetas Muertos. Si no la habéis visto ya, os la recomiendo encarecidamente.
En la película, el profesor de Literatura, el profesor Kitting, intenta imbuir en sus alumnos el ideal romántico del Carpe diem, "vive el momento", disfruta de cada segundo, "extráele el meollo a la vida", como ellos dicen. Pero no sólo aparece vividamente retratado el espíritu hedonista del Carpe Diem; más importante aún si cabe, se menciona también otro tema de la poesía latina: Collige, virgo, rosas dum flos novas et nova pubes, et memor esto aevum sic properare tuum, que aparece en el poema De rosis nascentibus. Algo que podría traducirse como "Coged, doncella, las flores mientras son aún frescas y nueva es vuestra juventud, pues recordad que el tiempo corre". Si carpe diem es nuestro grito de guerra para lanzarnos a vivir cada día con la ferocidad de un loco, collige virgo rosas es la razón en que se basa nuestro lema: agota cada segundo, disfrútalo con pasión, porque puede que sea el último.Y así es, tristemente. Y todo esto viene a raíz de que ha fallecido un familiar de una amiga al que yo también conocía y, bueno, este tipo de sucesos siempre hacen que me plantée temas como la muerte, la importancia que damos a la vida, al tiempo, a nuestros impulsos....
¿Es la mejor opción irnos de repente? ¿Llenos de planes inacabados, palabras que tuvimos miedo de decir, locuras que nunca llegamos a hacer? ¿Sería preferible saber cuándo vamos a morir? ¿Ver cómo se acerca el final dia a día, hundiéndonos quizás en su inetavilidad, en su trágica inminencia, sin ser capaz de movernos atrapados en la desesperación? ¿Conseguiríamos así organizar nuestros últimos momentos para cerrar nuestra vida en un volumen perfecto, tener el tiempo suficiente para "poner en orden nuestros asuntos" y así poder partir en paz, dejando sobre todo en paz a nuestros seres queridos?
Realmente no sé qué sería preferible, supongo que cada uno necesitaríamos una opción personalizada.
Yo, personalmente, creo que debería recordarme más a menudo la fugacidad de la vida para atreverme a vivir más de lo que lo hago. Creo que tengo tanto miedo a vivir que estoy un poco muerta.
miércoles, abril 11, 2012
Cuddling Needed
Porque hoy es uno de esos días en que sólo quiero meterme debajo de una manta, acurrucarme tapadita hasta las orejas abrazando un peluche y ver películas divertidas y bonitas mientras llueve fuera y el mundo sigue su curso sin mí.
Es increíble cómo puedes estar teniendo un día genial y un par de tonterias te pueden hundir.
Odio a la gente. Así, en general.
(A mis lectores no. A mis lectores les quiero),
lunes, abril 09, 2012
Love love
Hoy he estado viendo la película Elizabethtown, protagonizada por Orlando Bloom y Kirsten Dunst.
Sé que las comedias románticas nunca tienen muy buena prensa, pero a mí esta me ha gustado mucho. Tengo que admitir que soy una ñoña y me gustan este tipo de películas que ayudan a perpetuar la falsa idea de que las historias de cuento de hadas existen en la vida real. Pero la verdad es que la forma en que se organiza esta historia me ha parecido bastante original, y la protagonista es tan cielo (me recuerda a un par de personillas) que no puedes sino enamorarte un poco de ella.
Me quedo con la escena de la conversación telefónica. Os pongo en situación: Drew y Claire se conocen en un avión; ella es la azafata del vuelo en el que él es único pasajero, así que como ella se aburre se pasa el viaje hablándole, dándole instrucciones sobre cómo llegar a la ciudad desde el aeropuerto y demás. Él acaba bastante harto de ella porque no le deja dormir, pero al llegar al motel después de un duro día y ver que no tiene nadie con quien hablar, la llama a su móvil. Ella no responde, y él decide que mejor así, que ha sido un error llamarla. Pero ella le devuelve la llamada:
Me parece una escena preciosa. No recuerdo haber hablado así con nadie por teléfono durante horas en medio de la noche (bueno, con mi mejor amiga, pero la conversación no empezó precisamente por algo bueno...). Una de esas conversaciones en que empiezas hablando de trivialidades y acabas encontrando el sentido de todo, un amigo, un confesor, un alma gemela.
Ojalá pudiera tener esa conversación algún día.
Y si es con un hombre tan guapo como este, más mejor todavía.
Sé que las comedias románticas nunca tienen muy buena prensa, pero a mí esta me ha gustado mucho. Tengo que admitir que soy una ñoña y me gustan este tipo de películas que ayudan a perpetuar la falsa idea de que las historias de cuento de hadas existen en la vida real. Pero la verdad es que la forma en que se organiza esta historia me ha parecido bastante original, y la protagonista es tan cielo (me recuerda a un par de personillas) que no puedes sino enamorarte un poco de ella.
Me quedo con la escena de la conversación telefónica. Os pongo en situación: Drew y Claire se conocen en un avión; ella es la azafata del vuelo en el que él es único pasajero, así que como ella se aburre se pasa el viaje hablándole, dándole instrucciones sobre cómo llegar a la ciudad desde el aeropuerto y demás. Él acaba bastante harto de ella porque no le deja dormir, pero al llegar al motel después de un duro día y ver que no tiene nadie con quien hablar, la llama a su móvil. Ella no responde, y él decide que mejor así, que ha sido un error llamarla. Pero ella le devuelve la llamada:
Me parece una escena preciosa. No recuerdo haber hablado así con nadie por teléfono durante horas en medio de la noche (bueno, con mi mejor amiga, pero la conversación no empezó precisamente por algo bueno...). Una de esas conversaciones en que empiezas hablando de trivialidades y acabas encontrando el sentido de todo, un amigo, un confesor, un alma gemela.
Ojalá pudiera tener esa conversación algún día.
Y si es con un hombre tan guapo como este, más mejor todavía.
Porque como mi mejor amiga y yo solemos decir: "Él aún no lo sabe, pero en el fondo me ama".
♥
La cosa va de:
Kirsten Dunst,
love,
movies,
Orlando Bloom,
Spanish
Easter Entry
Well not quite.
But sort of. Still in Spanish 'cos basically my head aches as hell (so religious today) and I can't think in any other language.
He llegado a la conclusión de que me encantaría estudiar Teología, pero no sólo enfocada al catolicismo ni a la cristiandad en sí, sino que abarcara todas las religiones del mundo (¿ambiciosa, yo? ¡Nunca!).
Desde pequeña me ha interesado muchísimo el tema del papel de la religión en la vida del ser humano. Es más, cuando era niña era muy religiosa; solía rezar todas las noches, iba con mi abuela a la iglesia los domingos que estaba en su casa. Curioso, porque no estaba ni estoy bautizada, mi padre no cree en la iglesia y mi madre directamente es atea perdida. Pero no tardé en llegar a la conclusión de que mi relación con Dios no era sincera ni sana por mi parte (tendría unos 11 o 12 años y, pa' qué engañarnos, sólo rezaba cuando quería algo. Que Dios me perdone.) y poco a poco perdí la fe. Luego, una se va haciendo mayor...y según ve cómo están las cosas más difícil le resulta creer en un poder superior.
Sin embargo, comprendo por qué buscamos el sentido de nuestras vidas en la religión, entiendo el consuelo que supone tener un respaldo semejante para seguir adelante cuando todo es oscuro, no sabemos a dónde ir y ni siquiera podemos creer en nosotros mismos, que al fin y al cabo somos lo único que tenemos. No puedo evitar que me conmueva aquello que la fe ha inspirado, tanto la belleza de las obras de arte como las atrocidades que comete el hombre contra su hermano porque el símbolo que cuelga sobre su pecho es diferente y llama de otra forma a la luz que le da fuerza por la mañana. Y por ello me gustaría estudiar Historia de las Religiones, conocer los textos sagrados (tengo que admitir que no diría que no a una sesión sobre los Evangelios Apócrifos de los que tanto he oído hablar) sobre los que exhibo una ignoracia magna como ella sola, entender los motivos, buenos y malos, que se esconden detrás de las actuaciones etiquetadas como "en nombre de la fe" (no lo busquéis en Tumblr, que no os va a salir) y debatie, por qué no, al respecto. Porque si existe algo peor que el fanatismo religioso es el ateismo obtuso que no permite mención ni discusión sobre el tema. 'Amos, en mi humilde opinión.
Personalmente, me declaro agnóstica precisamente porque no sé en qué creer, ni creo que me valiera una vida entera de estudio para cimentar unas convicciones decentes en semejante campo. ¿Creo que hay algo? Creo que sí. Pero sobre cómo lo llamo yo ya os hablaré otro día, que así tengo tema para otro post.
viernes, abril 06, 2012
Easier the hardest way
I failed my greatest BBC. Moving on. Today, entry in Spanish.
Hoy, hablamos de la gente.
Porque amigos y amigas, no entiendo a la gente.
Hoy, hablamos de la gente.
Porque amigos y amigas, no entiendo a la gente.
El vídeo no tiene que ver, pero la estaba oyendo ahora y es divertida
Y hablo especialmente de la forma que tiene la gente de relacionarse. Como descripción, el título de la entrada, o como reza la cita de norecuerdoquién: "Siempre es más fácil hacerlo de la manera más difícil".Y es de acuerdo a esta ley que se regula todo el proceder humano.
El hombre vive una gloriosa época en que blanco es blanco, negro es negro y los tazos molan. Pero le dura poco (y ese hombre es mujer, aún menos) y después todo se vuelve oscuro. Los gestos ya no son lo que parecen, las palabras ocultan dobles, triples sentidos con salto atrás en tirabuzón y comenzamos a mentir como bellacos. Y lo que es peor, a fingir, la performación física de una irrealidad mental. Vamos, que si las palabras vacías duelen, las acciones vacías no digamos. Como toda acción tiene su reacción y/o consecuencia, nuestro vocabulario crece con palabras nuevas como traición, celos, rencor...
La amistad es un buen terrario en el que estudiar todos estos nuevos conceptos; el amor, siempre exacerbando todo hasta el último extremo, es el paroxismo de la falsedad humana.
Antes de empezar a hundirnos en ese cenagal de sentimientos, todo parece bastante sencillo: Tylor conoce a Dyllan, a Tylor le gusta Dyllan, Tylor se declara y: A. sus sentimientos son correspondidos, yuppie, a lucir su amor y carantoñas allovertheplace, o B. Dyllan manda al solicitante a paseo y Tylor se queda como atropellado por un autobús. PUNTO. Si sale bien, bien, si no, te jodes y a otra cosa.
PERO NO.
¿Para qué vas a admitir que te gusta Tylor si puedes fingir que no y hacerte la dura para ver si así consigues que le intrigue tu misterio (dafuck?)? ¿Por miedo? ¿Por timidez? ¿Porque lo vuestro es imposible, ya que asesinó a tus doce primos, violó a las vacas de tu abuela y le prendió fuego a la bodega de tu madre? Vale, en este último caso lo entiendo, vives un drama bíblico, haz lo que te de la gana. En los anteriores sólo te estás complicando la vida y la de los demás.
Pero, ¿qué pasaría si alguien viniera de frente tras apenas conocernos a decirnos: "Eh, me mola tu gramola, ¿quieres ser mi novio (por variar)?". Pues que como estamos todos jodidos de fábrica,seguramente un buen porcentaje no se fie (especialmente, los que han sido apaleados con anterioridad). Con lo cual...como los de un lado y los del otro están pervertidos por la falsía, la cosa pinta mal.El amor es complicado; el compromiso, la convivencia. Se han escrito libros, poemas, canciones sobre ello, todos lo hemos oído, si no vivido. Entonces, ¿qué necesidad tenemos de complicarlo aún más antes de que comience la relación? Por nuestro absurdo afán de vivir en un puto libro de Charlotte Brontë, por lo visto.
Sería más lógico que, sabiendo que es más que probable que se tuerza por cuestiones que escapan a nuestro control, tratáramos de aproximarnos a la persona ¿amada? de la forma más pura, trasparente y sincera posible, digo yo, siendo nosotros mismos (nada de esas mierdas de voy a hacer H o B porque sé que a Tylor/Dyllan le gusta aunque a mí no). Y todo esto lo digo desde el enfoque más teórico, porque no os engañéis, yo no estoy metida en ningún fegado semejante. Estaríamos buenos.
viernes, octubre 15, 2010
Spanish Army Conquering England
Ayer fue la reunión de los españoles en las zonas que rodean Londres (aunque por lo que pude comprobar, había gente venida de muchas otras partes del país).
Fue...bueno, como repirar una bocanada de aire enorme después de haber estado un rato corriendo. Te llena los pulmones de vida, pero al mismo tiempo te puede volver la cabeza del revés. Algo así me pasó, porque por primera vez en mi vida estaba en Londres, la ciudad que he querido visitar desde que tengo uso de razón, y al final, me dio igual. No vi nada turístico (miento, Picadilly Circus, pero porque pasamos por delante), y apenas prestaba atención a por dónde iba. Pero igualmente, lo pasé genial. Poder decir cualquier cosa y que te entiendan sin más explicaciones es un auténtico milagro. Además, había tantas caras conocidas que era como estar en España de excursión por un rato.
Al llegar a casa, pese al terrible cansancio, no podía parar de sonreír. "Se te ve feliz", me dijo mi compañera de piso.
Hoy ya no era así. Cosas que pasan.
Fue...bueno, como repirar una bocanada de aire enorme después de haber estado un rato corriendo. Te llena los pulmones de vida, pero al mismo tiempo te puede volver la cabeza del revés. Algo así me pasó, porque por primera vez en mi vida estaba en Londres, la ciudad que he querido visitar desde que tengo uso de razón, y al final, me dio igual. No vi nada turístico (miento, Picadilly Circus, pero porque pasamos por delante), y apenas prestaba atención a por dónde iba. Pero igualmente, lo pasé genial. Poder decir cualquier cosa y que te entiendan sin más explicaciones es un auténtico milagro. Además, había tantas caras conocidas que era como estar en España de excursión por un rato.
Al llegar a casa, pese al terrible cansancio, no podía parar de sonreír. "Se te ve feliz", me dijo mi compañera de piso.
Hoy ya no era así. Cosas que pasan.
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