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miércoles, agosto 21, 2013

Rendición

Como el rey que, sin fuerza ya para luchar, se rinde y lanza su corona deslucida a los pies del ratero; el ratero que entró sin pedir permiso en el castillo, el ratero que ha envenenado la corte y la ha puesto en su contra. Derrotado, mas no cabizbajo; derrotado, pero no culpable; derrotado, solo y humillado, pero audaz, fuerte, poderoso. Rey que en su caída no se arrastrará como una vil rata, sino que caminará erguido entre la multitud que se mofa, pues sus burlas sólo harán que reforzar su escudo. Cada aguijon se irá a estrellar en el armazon de acero que cubre su corazón. No más traición, no más pena, no más dolor.
Porque no eres más que una ramera. Y ya se ha cansado el marajá de creer tus zalamerías. No cabe amor en la podredumbre que llamas corazón. El hedor de la mentira camina a tu lado, y no aguanto más tu pestilente encanto. 

sábado, agosto 17, 2013

Castigos

Vivir de ilusiones es como comer del aire: siempre llegará el momento en que notes un terrible vacío en el estómago.
Vivir de sueños está condenado al fracaso: en el mejor de los casos despertarás cegado por una luz intensa; en el peor, de una merecida bofetada.
Vivir de opinión ajena es envenenar la mente con lo que nos resulta más conveniente.
La árida verdad. ¿Se puede vivir de eso?

Padece Tántalo por no poder alcanzar el objeto de sus desvelos, que se escapa cada vez que alarga la mano para cogerlo. Pero ¿qué pasa con quién no sabe de néctar ni ambrosía? ¿Se les puede llamar infelices por desconcer los deleites de los dioses? ¿No son ellos los más afortunados, pues no corren el riesgo de perder y nunca se añora lo que no se ha tenido?
¿Nunca?
¿O sí?

Dirty playing

Es una danza de engaños:
enseña una carta, escóndeme dos.
Te guardas los ases y muestras al rey.
Me convierto en reina en esta mano.
Apuestas salvajes a ciegas,
me trago un farol muy real.
Gestos y señas, nervios, espasmos.
Busca la manera de descubrir al rival.
Echamos el resto en esta mesa.
Y en el último momento, arriba las cartas.

A este juego podemos jugar todos.

ACTOS I y II



ACTO I

Dime que me quieres,
Que me necesitas,
Que sin mí tu vida no es nada.

Dime que soy bella,
Dime que soy lista,
Que soy tu estrella más preciada.

Dime que te cante,
Sé mi pianista,
Compón de esta súplica una balada.

Cólmame de besos,
Dame mil caricias,
No dejes que mi mano caiga helada.

Y aún así...

ACTO II

Te digo que te quiero,
que te necesito,
Y tú nunca me respondes nada.

Te digo que eres bella,
te digo que eres lista,
pero siempre desvías la mirada.

Quiero que me cantes,
ser tu pianista.
Y, sin embargo, permaneces callada.

Intento besarte,
darte mil caricias,
pero parece que vivas amortajada.

No crees lo que digo,
ni ves lo que hago,
vives en tu infelicidad encerrada.

Abre los ojos por fin,
mira a tu espalda y ve
las mil caras que sonríen a tu paso.
Hay quien no sabe hablar de amor
pero es que tú, además, no sabes escucharlo

sábado, julio 07, 2012

Pasajes

[Copio aquí pasajes de cosas que escribo cuando estoy o debería estar haciendo otras cosas, que por desgracia es cuando más me inspiro. Genelamente no son literales, son alegorías o metáforas de situaciones, sensaciones. Van en orden descendente, más nuevo a más antiguos.]

VELOCIDAD

Estás a gusto. Es bonito. Pero no es suficiente. Así que comienzas caminando. Vas avanzando poco a poco y te gusta el paisaje que ves; quieres ver más y más deprisa. Empiezas a correr; vas a un paso moderado, y todo es más vivo porque se mueve mucho más, te encanta. Y te impacientas, y aceleras el ritmo, corres, corres mucho, mucho más, ¡y ya vas volando! Vas tan deprisa que se difuminan los bordes de lo que miras, pero te da igual, porque el viento frío que te da la en la cara es muy placentero. Te cuesta más ver, pero todo es aún hermoso. Pero corres tanto, tanto que te empiezas a marear, no distingues nada de lo que tienes delante, ya no existen los bordes, no sabes dónde estás. Necesitas parar, pero no puedes, tienes miedo de parar, porque ¿qué pasará cuándo pares? ¿Dónde estarás? Te late tan deprisa el corazón que temes que cuando frenes se pare de golpe; respiras como si cada inspiración fuera la última, ¿y si al parar no hay más aire?....¿Qué haces? Estás tan nerviosa que frenas en seco, porque sabes que de otra forma no serás capaz. Pum, pum, pum, pum. Te palpita el corazón en los oídos. El aire arde en torno a ti, y boqueas como un pez fuera del agua. Te estás mareando. Y te sientas, porque tu alrededor no para de moverse y no ves nada. Respiras, respiras, respiras, y empiezan a volver los colores, poco a poco, pálidos primero, luego más brillantes, familiares, acojedores. Miras a un lado y a otro y vas reconociendo esquinas, sombras, contornos; no te has alejado tanto, aún conoces esto; bien, todo está bien, descansa. No ha pasado nada.
Qué fácil es acelerarse y perder de vista lo que realmente tenemos alrededor. Qué fácil, y qué peligroso.
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ROSAS

Una noche desértica en el centro de Valencia me senté abatida en el pie de una farola y cerré los ojos. Esperaba poder hundirme en la negrura unos minutos y dar un respiro a mis ojos a punto de desbordarse. Pero en ese silencio lánguido y pesado me sorprendió el aroma de cientos de rosas frescas de todos los colores, que descansaban a ras de suelo. Esa sola sensación evocaba tal belleza que mis ganas de llorar se intensificaron. Durante unos instantes, lo que dura una respiración, me sentí plena, como si cada recoveco de mi cuerpo estuviera habitado por ese perfume. Si no hubiera sido el Día de la Madre no habríamos parado en esa floristería, si no hubiera estado tan desanimada no me habría sentado alejada para esconder las lágrimas, si no...nunca habría olido esas rosas.
Todas las acciones están conectadas, todo lo que nos ocurre encierra un por qué, por lejano o absurdo que parezca. Ni todas las experiencias son agradables ni sus razones son siempre justas, pero en ocasiones ocurren acontecimientos inolvidables: ver el arcoiris en la fuente de camino a clase, sonreir por ver la cara familiar de un desconocido en un lugar nuevo, compartir en silencio tu canción favorita con alguien especial. ¿Está todo predestinado? No lo sé, y tal vez no debería saberlo; tal vez no deberíamos preguntar. Quizá necesitamos tener fe en lo desconocido, en lo maravilloso, en lo inesperado. Greene decía que la racionalidad humana es la única que puede acabar con el instinto de la esperanza, y es así, y por ello estamos condenados al desencanto.

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Porque el elitismo es una pantomima del glamour en gente sin clase.


Quizá deberíamos volver a creer en el aroma de cientos de rosas en una noche estrellada.




viernes, abril 27, 2012

CV 1


«¡Qué hermoso es el color rojo! Al menos, el auténtico color rojo, y no ese que todos pensáis que es». Yo era como vos; también a vuestra edad creía haberlo visto todo. ¡Cómo osaba venir un desconocido a decirme que no sabía cómo era el auténtico color rojo! ¡Qué valor! Tomates, pimientos, el lacre, la tinta...había múltiples ejemplos de objetos de color rojo a mi alrededor, por no mencionar los tintes que se empleaban para dotar a los tejidos de todos los colores del mundo. Me carcajeé del desconocido ante todos los presentes, que no tardaron en unirse a mi burla. Sin embargo, el desconocido apenas pareció verse afectado por nuestro escarnio; por el contrario, se relajó en una cómoda postura y sonrió con cierta sorna. Seguía manteniendo que ni yo ni ninguno de los presentes sabíamos cómo era el auténtico rojo. Entre la multitud brotó un murmullo de indignación y todos comenzaron a agitarse. No podía seguir tolerando aquello: era MI fiesta, en la que él se había colado sin ser invitado, y no le iba a permitir que continuara insultando a mis invitados. Le reté a demostrar su acusación...Maldigo el momento en que pronuncié esas palabras. Sólo alcancé a ver una sonrisa triunfante y un brillo de locura en sus ojos antes de que todo se volviera confusión, gritos y dolor; se movía a tal velocidad que sólo era posible seguirle por el rastro de cuerpos que iba dejando a su paso. Hombres, mujeres, todos caían entre alaridos agonizantes sin apenas haber tenido tiempo de ver la muerte acercarse. Y, de pronto, todo se quedó quieto y un silencio estertóreo descendió sobre la sala. Únicamente se escuchaba un sonido de succión que provenía del desconocido, que en ese momento soltaba a su última víctima: Sophie, mi hermosa y tierna prometida, que seguramente había sido la última para que yo pudiera verla expirar. En ese instante tuve que reconocer que al final el desconocido estaba en lo cierto, nunca antes había visto de veras el color rojo: el rojo de la sangre aún viva y palpitante que cubría el rostro y las manos del desconocido, el rojo de la sangre que brillaba en su sonrisa, en sus ojos, por todo el salón. El rojo del mar de cadáveres en que se había convertido mi fiesta de compromiso.

sábado, enero 29, 2011

Amber Sweet is addicted to the knife

I'm sorry
Sorry for puting you before everything else
Sorry for needing you so much that I can't end a day without talking to you
Sorry for the regrets
Sorry for all the laughter
Sorry for the texts and messages
Sorry for all the tears
Sorry for being anoying
Sorry for saying I'm sorry
I'm sorry
So very sorry
Sorry for myself.