lunes, abril 01, 2013

De amigos reales y amigos colaterales


Todos los que en algún momento hemos formado parte de una pandilla, ese maravilloso invento de la juventud y que normalmente se va desmontando poco a poco como un armario de 40 euros del Carrefour (generalmente cuando los miembros se dan cuenta de que, aparte de un sentimiento de necesidad de pertenencia a algo no les unía nada más ya, y ya son lo suficiente mayores como para tener otros anclajes a la vida), sabemos en qué consiste la figura del "amigo colateral", aunque no sé cómo lo llamaréis vosotros.

Cuando entras en una pandilla, normalmente porque alguien te ha introducido (si sois de esos afortunados líderes carismáticos que empezásteis vuestra propia pandilla, felicidades), al principio te sueles mover orbitando cual satélite entorno a tu mecenas: acudes a las reuniones o quedadas si va él/ella, sueles estar a su lado y te sientes medianamente incómodo si se va y te deja solo con los demás, que al fin y al cabo, son desconocidos. Pero antes o después lo normal es que las circunstancias te obliguen a socializar con los demás, porque tu amigüito no se una a un plan en el que tú te mueres por participar y decidas ir de todas maneras o porque encuentres intereses comunes (o mejor aún, enemigos comunes) con los demás del grupo.

 

¡Felicidades! Te has integrado. Poco a poco irás interaccionando con cada uno de los miembros, en mayor o menor medida, pero pronto descubrirás que todos los del grupo no son tus amigos de verdad. Algunos son amigos colaterales. 
 Son personas con las que de normal no interactuarías porque no tenéis nada en común, o su carácter no es especialmente afín al tuyo. Y sin embargo, ahí están, cada vez que quedáis, hablando con Jeremy o Cassandra (yo es que no conozco a nadie que se llame Fulanito o Menganita), que al parecer los encuentran interesantes. Son como el tapiz de fondo de tus tardes de sábado. Y todos tan a gusto. Hasta que...algún colateral decide interactuar contigo.
 
Y te encuentres una de estas opciones:
1. Que en realidad no está tan mal, podéis encontrar algo de que hablar, aunque sea del tiempo (una versión extreme de esta posibilidad es que descubras que en realidad es una grandísima persona y pase a ser amigo de verdad y te des cabezazos contra la pared por no haberle descubriendo antes).
2. Que te entren ganas de decirle: "Déjame en paz, random, que te estás respirando mi aire", porque si antes te parecía menos intrigante que la vida amorosa de un paramecio ahora directamente su mera existencia te pone nervioso.

Porque, asumámoslo, hay gente que, pese a que no le das la más mínima señal de querer tener contacto con ellos más allá de lo marcado por la buena educación y el hecho de compartir un grupo de amigos, sigue, y sigue insistiendo. Personas que por motivos desconocidos aún por la raza humana piensan labrarse un camino en tu vida (o en tu bandeja de interacciones) a golpe pico y pala, aunque en ello tengan que dejarse sangre, sudor, lágrimas y muchos "me gusta".



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